... y SI EN VEZ DE INVERTIR EN GUERRAS, DESTRUCCIÓN, REARME... INVIRTIÉRAMOS EN SEGURIDAD ENERGÉTICA?
No hay más que ver este 𝗦𝗨𝗦𝗧𝗔𝗡𝗖𝗜𝗢𝗦𝗢 vídeo para comprender:
https://www.youtube.com/watch?v=VV6hWMQb3vg
... y SI EN VEZ DE INVERTIR EN GUERRAS, DESTRUCCIÓN, REARME... INVIRTIÉRAMOS EN SEGURIDAD ENERGÉTICA?
No hay más que ver este 𝗦𝗨𝗦𝗧𝗔𝗡𝗖𝗜𝗢𝗦𝗢 vídeo para comprender:
https://www.youtube.com/watch?v=VV6hWMQb3vg
Qué interesante articulito el de Manuel Vicent hoy en la
contraportada de El País, sobre todo quizás por esas sintéticas apreciaciones,
o interpretaciones, que hace acerca de lo que piensan “los pacifistas”. Porque
parece que se refiere a ellos (“los pacifistas”) como seres de otra galaxia…
colocando imperceptiblemente a los lectores y a "los pacifistas" (esos seres
extraños) en planetas diferentes. Qué maravillosa es la literatura, qué sutil.
El caso es, hablando en serio, que esa casi parodia del pensamiento de “los pacifistas” a un esquema hipersimplista de armas-ejércitos-guerras, me ha parecido de un reduccionismo preocupante; como si el objetivo, no confesado, del articulito fuera (a lo mejor exagero aquí) convencer de que las guerras son inevitables y que hay una distopía segurísima (una “maldición”) en el horizonte: armas inteligentes que acabarán con la humanidad más tarde o más temprano. Sí, creo que estoy exagerando y que Vicent no ha pretendido eso.
El tono del articulito de Vicent es inequívocamente antibelicista; pero comete ese error de interpretar de modo simplista el pensamiento de ellos, “los pacifistas”. Porque les atribuye la idea, simplista, de que es el miedo a las armas del otro lo que hace al de enfrente rearmarse y, finalmente, atacar para defenderse de un primer ataque. Sin embargo, “los pacifistas” no pensamos, creo, que el militarismo y las guerras puedan reducirse a meros enfrentamientos militares, a carnicerías que suceden en los campos de batalla y nada más.
Conociendo y coincidiendo con lo que los pacifistas y las pacifistas suelen expresar, el militarismo no se reduce al fenómeno del rearme, la escalada de armamentos, a la peligrosísima evolutiva de la industria armamentística. Reducir la interpretación pacifista de los estallidos bélicos a un resultado previsible de una mortífera industria que busca perpetuarse y enriquecerse sin límites es una reducción simplista. Me parece que los pacifistas y las pacifistas no piensan exactamente eso ni caen en ese sencillo, un tanto inocente, antimilitarismo rígido. Las guerras no sola y exclusivamente son un negocio de los malévolos fabricantes de armas.
Creo que hay otros factores, junto a la industria militar y sus poderosísimos tentáculos políticos y económicos, en los que los pacifistas y las pacifistas piensan como determinantes de las guerras: el patriarcalismo, el colonialismo, el capitalismo, el neoliberalismo, los modelos democráticos falsos (que pierden de vista las necesidades sociales), la insolidaridad internacional, la cultura de la violencia, el racismo y la xenofobia, la arrasadora digitalización de la mente colectiva, la explotación laboral, el fascismo de algunos grupos políticos, la letal práctica del consumismo, la generalizada degradación ambiental y el extractivismo… Es decir: las guerras no solo son un fruto de la existencia de las armas que las hacen posibles, sino que las guerras forman parte de un complejo entramado de cosas (sociedad, economía, política...) donde el eje vertebrador de las mismas es la violencia en sus distintas formas.
La guerra no la impone solamente, por ejemplo, EEUU con sus mil muy agresivas
bases militares repartidas por todo el planeta, la guerra es el estado
civilizatorio en el que nos encontramos como resultado histórico de compartir
todos y en todas partes una misma lógica de la violencia: la destrucción de “el
enemigo”. Lo que está sucediendo en Palestina no solamente es un efecto de la
acción de los armamentos de Netantahu sobre población civil indefensa, sino efecto, también, de la acción política cómplice de la UE en ese conflicto. No son solamente las
armas las que matan. “Los pacifistas” lo saben, lo sabe Vicent y lo sabe
cualquiera.
Entonces, no creo que “los pacifistas” opinen solamente, así
tan sencilla y escuetamente, que las armas llevan a las guerras, no, no
solamente esto, sino que las sociedades fundadas en la violencia y el poder
político ejercido bajo la “ley del más fuerte” conducen por derecho a las
guerras, a un estado de guerra permanente, al militarismo.
En Gandhi tenemos un mensaje ético, pero también político, muy profundo a favor de la noviolencia y la democracia, a favor de la vida frente al exterminio. Quizás debamos empezar a leerlo y, antes de que estalle la Tercera y última guerra por culpa de nuestros descerebrados gobernantes, levantarle un monumento en cada plaza de cada pueblo y ciudad (al tiempo que denunciamos y nos negamos a pagar la locura armamentista que el PSOE acaba de aprobar con el aplauso del PP, Vox, Junts, etc.).
En definitiva: matarse no es una necesidad impuesta por las fábricas de armas, sino una decisión política de algunos partidos políticos que acaban de darle la espalda a la ciudadanía (NO A LA GUERRA) con su apuesta genocida en favor de una gran carnicería mundial.
𝗨𝗡 𝗥𝗘𝗣𝗢𝗥𝗧𝗔𝗝𝗘 𝗔𝗡𝗘𝗖𝗗𝗢́𝗧𝗜𝗖𝗢 𝗦𝗢𝗕𝗥𝗘 𝗟𝗔 𝗕𝗔𝗦𝗘 𝗗𝗘 𝗥𝗢𝗧𝗔.-
Aunque fui amablemenbte invitado a participar en este reportaje (El País, 30/03/2025, p. 31) sobre la Base de Rota, no comparto el enfoque del mismo; lo que hago constar mediante este mensaje que le he enviado al periodista que lo firma:
Hola, Ángel
Ya he leído el artículo. Hombre… parece, leyéndolo, que las protestas pacifistas son un auténtico residuo de la historia, una antigualla de museo, una cosa nostálgica si se la compara con el apasionado (según tu artículo) apoyo del pueblo de Rota, su alcalde, los comerciantes, etc. a la Base. El título de tu artículo (un idilio que ni Trump puede romper), más el tono anecdótico que aportan los recuerdos personales de Wayne Jamison, etc., hacen concluir al lector que el apoyo social a la base es inamovible, incontestable, más sólido que nunca. 𝗣𝗶𝗲𝗻𝘀𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗮𝗯𝗿𝗶́𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗮𝗯𝗲𝗿 𝗺𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗱𝗼 𝗽𝗿𝗼𝗯𝗹𝗲𝗺𝗮𝘀 𝗺𝘂𝘆 𝗴𝗿𝗮𝘃𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗯𝗮𝘀𝗲, como por ejemplo la ausencia de planes de emergencia ante accidentes nucleares; o el mismo peligroso hecho de que una instalación de estas características esté encastrada en una bahía de Cádiz+Jerez donde vivimos unas 700.000 personas.
Este enfoque un tanto emocional, literario, algo anecdótico, de tu artículo me parece que dificulta al lector acercarse de verdad a la verdadera problemática política de la base: sus gravísimas implicaciones con genocidios como el de Palestina, su negativo impacto en la política de Defensa/Exterior española, el militarismo exacerbado que la base significa, la conversión del Mediterráneo en un polvorín, etc.
Un saludo,
El gobierno de España y la UE nos
han pedido, con impudicia total, que compremos un equipo de supervivencia (medicinas, agua, alimentos
para varios días, etc.); nos han pedido que seamos conscientes de las amenazas militares
que (según ellos) padecemos; y han pedido nuestro aplauso para que se transite sin
oposición el camino del rearme hasta los dientes. Esto es lo que nuestros gobiernos
y la OTAN nos piden, nos imponen… haciendo alarde de una metodología
democrática bajuna y torticera sin compasión: un falso debate en el Congreso,
un montón de medidas ya amañadas con el PP, mucha obediencia a EEUU y un peligroso
belicismo pronuclear franco-británico sobre la mesa.
Esta locura carnicera en que nos
han embarcado los gobiernos “democráticos” de la UE, debidamente adobada con
una propaganda de guerra permanente, de alto voltaje, inmisericorde, es el pan
de cada día, y de cada minuto, en que nos desenvolvemos a todas horas por obra y
gracia de irresponsables sloganes como “estar a la altura de los tiempos”, “visión
de estado”, “España socio fiable” y resto de brutalidades verborreicas de
Margarita Robles, Marc Rutte, Kaja Kallas, etc.
Y una clave de bóveda sobre la que se asienta el belicismo total de nuestros gobiernos: inyección, en altas dosis, de miedo y resignación en las venas de la ciudadanía para obtener lo más ansiado por los de arriba, a saber, carta blanca para proceder a organizar una nueva conflagración mundial (esta vez de consecuencias mucho peor que devastadoras). El miedo al enemigo y la resignación de una retaguardia sujeta a la ley marcial…. Viejas, viejísimas, armas de guerra para que los generales puedan organizar sus orgías de siempre azuzados por una clase política radicalmente despiadada. Esto es lo que tenemos.
Pero, ¿y la ciudadanía?. La
ciudadanía, a pesar de que hay muchísimas voces que critican y se oponen a este
apocalíptico estado de cosas, parece estar inmersa, bajo bloqueo, en un estado
de estupefacción y alucinación. Un estado de estupefacción cuidadosamente cultivado
por una mayoría de medios de comunicación que, faltaría más, difunden la
propaganda de guerra (editoriales, artículos de opinión, análisis sesgados,
encuestas amañadas sobre determinados temas pero no sobre otros, etc.) que los
gobiernos (y quienes dirigen a los gobiernos) ya han decidido.
En el 2003 el PSOE usó el ariete del pacifismo (aquel necesario y multitudinario “NO A LA GUERRA”) para abatir al gobierno de Aznar y su “les puedo garantizar que Sadan Husein posee armas de destrucción masiva”…. Pero hoy el PSOE da la espalda a la exigencia de Paz de la ciudadanía y vuelve a las andadas de siempre: “de entrada, OTAN no”. PP y PSOE, tanto monta, monta tanto. El sentimiento pacifista ciudadano permanece, aunque debilitado, en un país poco amigo de los militarismos, pero traicionado sin compasión por un PSOE que ni rompe relaciones con Israel, ni se opone a las bases de Rota y Morón, ni firma contra las armas nucleares, ni se resiste al rearme y envío de armas a Ucrania, etc.
Entonces, ha quedado en soledad
una ciudadanía, bombardeada con propaganda de guerra a cada segundo por los
medios de comunicación, frente al militarismo. Ha quedado en soledad una
ciudadanía pacifista que ya no cuenta con el apoyo del PSOE (como en el año
2003). Ha quedado en la estacada una ciudadanía que asiste en silencio,
aterrorizada, respirando profundo, bloqueada, ante un escenario sin duda
apocalíptico. Una ciudadanía a la que, en general y por distintas causas, no
llega ni el mensaje del movimiento pacifista (https://www.elsaltodiario.com/gasto-militar/manifiesto-resignamos-guerra-70-organizaciones-rechazan-deriva-militarista-ue-gobierno)
que se sigue oponiendo a la guerra y que clama por el desarme y las soluciones
negociadas.
Es la ciudadanía, sin miedo, sin
resignación, frente al exterminio, exigiendo PAZ y JUSTICIA, la que va a tener que frenar,
directamente, tanto militarismo apocalíptico azuzado por gobiernos enloquecidos
y genocidas que solo ven ocasión para las amenazas, el rearme, la confrontación
y la última de las guerras.
Es hora de ponerse en marcha.
𝗔𝗡𝗨𝗡𝗖𝗜𝗢 𝗗𝗘 𝗘𝗫𝗧𝗘𝗥𝗠𝗜𝗡𝗜𝗦𝗠𝗢.-
Este militarismo extremo de los gobiernos, con el suelo de Europa plagado de armas nucleares estadounidenses, francesas y británicas, y con Rusia igualmente hasta las cejas de ojivas atómicas apuntándonos, sin duda es 𝘂𝗻𝗮 𝗰𝗹𝗮𝘀𝗲 𝗱𝗲 𝗲𝘅𝘁𝗲𝗿𝗺𝗶𝗻𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗺𝘂𝘁𝘂𝗼 𝗮𝘀𝗲𝗴𝘂𝗿𝗮𝗱𝗼. 𝗟𝗮 𝗮𝗻𝘁𝗲𝘀𝗮𝗹𝗮 𝗱𝗲 𝘂𝗻 𝗽𝗼𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲 𝗴𝗲𝗻𝗼𝗰𝗶𝗱𝗶𝗼.
La "apuesta" por el militarismo más nefasto nos puede llevar a un planeta no ya contaminado y alterado climáticamente como ya tenemos, sino a un baño de sangre de proporciones que más vale no imaginar.
Y esto es lo que Pedro Sánchez acaba de aprobar (por supuesto con el sí rotundo, disfrazado de no chusquero, del PP) para nuestro país. 𝗨𝗻𝗮 𝗰𝗼𝗽𝗶𝗮 𝗺𝗶𝗹𝗶𝗺𝗲́𝘁𝗿𝗶𝗰𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗲𝘅𝗮𝗰𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗮𝗾𝘂𝗲𝗹 "𝗢𝗧𝗔𝗡, 𝗱𝗲 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮𝗱𝗮 𝗻𝗼" que el nunca ambiguo PSOE protagonizó el 12 de marzo de 1986.
Y que nos compremos unas latitas de atún antes de que caigan las bombas atómicas del enemigo...
https://www.elsaltodiario.com/gobierno-coalicion/sanchez-aumento-gasto-militar-no-implica-recortes
POR LA REPÚBLICA, PERO ¿QUÉ REPÚBLICA?
Ahora que se avecina el 14 de abril,
pienso: claro que no hay panaceas, ni utopías, ni remedios fantásticos… y claro
que tampoco hay vida digna sin compartir ideales, metas plausibles, mejores
sociedades. Pecar de un lado (el idealismo exaltado) sería una especie de solipsismo
huidizo, fina inocencia, y pecar del otro (el abismo feliz de lo rancio, de lo
gris) sería caer en complejo de topo triste, en una especie de dinosaurismo
parafranquista por defecto.
En España una III República está, sin
duda, al venir en breve. Porque quizás no hay otra salida a la extrema
degradación democrática en que la clase política (en buena medida corrupta y
alejada de las necesidades sociales reales) nos tiene sumidos.
Una clase política que no hace nada
por, por ejemplo, consolidar sistemas de Paz y Solidaridad Internacional; o por
de verdad acudir con soluciones viables, urgentes, a la crisis ambiental. La
clase política, al contrario, nos está lanzando a la guerra y perpetuando la
sociedad carbonizada, de control digital, de colapso garantizado, que sabemos
que nos está amenzando en lo cotidiano, en lo diario, en lo personal y en lo
colectivo.
¿Una III República podría ser el
comienzo de un cambio de rumbo profundo de nuestra enloquecida sociedad consumista,
cerebral y moralmente trepanada, violentamente ciega e insolidaria?. La
respuesta podría ser no, claro. Pero más nos vale a todos que sea que sí.
Una III República no podría centrarse
ya, como objeto central de su existir, en un simple cambio de la jefatura de estado (de
monarquía pro OTAN a presidencia electa por sufragio universal); porque este
cambio formal, aunque necesario, inevitable, no es lo que más necesitamos.
Necesitamos todavía más un estado capaz de ser barrera ante el capitalismo
explosivo que nos lleva tan velozmente hacia el abismo; y aún más que barrera,
un estado capaz de poner en marcha iniciativas colectivas que en vez de
enriquecer a los más ricos (objetivo que ahora cumple), trabaje para garantizar
los derechos de todos y de todas (la vivienda, la salud, el trabajo, la
educación… no pueden ser negocios en un tablero de juego atestado de
tiburones).
Si llegáramos a la situación que
ahora tienen los franceses, o los portugueses, o los italianos, ¿en qué
habríamos avanzado?. Sus “repúblicas” son meros, puros y endiablados resortes
de un capitalismo globalizado que nos conduce, ya lo he dicho y ya lo sabemos
todos, a un abismo biocida (que se acerca cada día un poco más).
Necesitamos una III República capaz
de poner el dedo en la llaga: el gobierno del capital (raíz de la extrema
corrupción política y la degradación democrática) no puede seguir sometiendo
nuestras vidas y la vida del planeta. Y si no tenemos claro esto, ¿para qué
sustituir a un monarca surrealista, como sufrimos, hijo de uno que se lo ha
llevado calentito, por un presidente electo -pongamos Macron como ejemplo- que
obedece sin rechistar directrices políticas obcecadamente biocidas, belicistas,
colapsistas?
Hoy en España el debate de la
República ya no es, ya no puede ser, un debate acerca de un penoso y costoso
anacronismo (la inefable monarquía borbónica pro OTAN), que urge erradicar,
sino un debate sobre un, de verdad, nuevo rumbo para una sociedad y un sistema
político-económico desbocados.
Una III República tendría que, como
primer paso entre todos, como primera medida entre todas, como primer aviso a
navegantes… una III República en España tendría que adherirse al tratado internacional
de prohibición de armas nucleares. ¿Si no, para qué una III República que pasaría
por alto la defensa de la vida?.
𝗤𝗨𝗜É𝗡 𝗘𝗦 𝗘𝗦𝗧𝗔 𝗦𝗘Ñ𝗢𝗥𝗔, 𝗣𝗢𝗥 𝗤𝗨É 𝗝𝗨𝗘𝗚𝗔 𝗖𝗢𝗡 𝗡𝗨𝗘𝗦𝗧𝗥𝗔𝗦 𝗩𝗜𝗗𝗔𝗦 𝗬 𝗤𝗨É 𝗚𝗔𝗡𝗔 𝗖𝗢𝗡 𝗖𝗢𝗡𝗩𝗘𝗥𝗧𝗜𝗥 𝗘𝗦𝗧𝗘 𝗣𝗟𝗔𝗡𝗘𝗧𝗔 𝗘𝗡 𝗨𝗡 𝗖𝗔𝗠𝗣𝗢 𝗗𝗘 𝗘𝗫𝗧𝗘𝗥𝗠𝗜𝗡𝗜𝗢.-
Oigo muy atentamente este corte de un discurso, muy reciente, de la mandamás de la UE. Y lo que más me llama la atención, la metralla ponzoñosa que más impacta en mi cerebro, son estas distópicas pocas palabras:
"𝗡𝗼 𝗵𝗮𝘆 𝗼𝗽𝗰𝗶ó𝗻", y "porque no podemos permitirnos que la Historia nos envíe a la deriva"...
No, no convoca una consulta ciudadana ni ningún tipo de votación, claro, sobre estas políticas BIOCIDAS que ella encabeza, sino que, con su falsuno aspecto frágil, al arrullo de una clase política PEOR QUE DESQUICIADA, impone un camino de REARME y BELICISMO para todos.
𝗔 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝗿𝗲𝗳𝗶𝗲𝗿𝗲 𝗲𝘀𝘁𝗲 á𝗻𝗴𝗲𝗹 𝗱𝗲 𝗱𝗲𝘀𝘁𝗿𝘂𝗰𝗰𝗶ó𝗻 𝗼 𝗩𝗼𝗻 𝗱𝗲𝗿 𝗟𝗲𝘆𝗲𝗻 𝗲𝘀 𝗮 𝗹𝗼𝘀 𝗿𝗶𝗲𝘀𝗴𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝘂 𝗱𝘂𝗹𝗰𝗲 𝗺𝗮𝗻𝗼 𝗿𝗮𝗱𝗶𝗼𝗮𝗰𝘁𝗶𝘃𝗮 𝗱𝗲𝘁𝗲𝗿𝗺𝗶𝗻𝗮: riesgo de hecatombe nuclear, generalización de la pobreza, ingentes recursos económicos públicos restados a dar soluciones a la crisis ambiental, millones de muertos en caso de conflagración entre potencias, degradación de la democracia...
"Que no hay opción"... es decir: que ella no va a permitir ninguna otra opción. "...que la historia nos envíe a la deriva": como si el túnel oscuro y carnicero que nos propone no fuera el anticipo seguro de un apocalipsis.
https://youtu.be/uJviCZO1xjY?si=Im4vLN2xprtloiUm