POR LA REPÚBLICA, PERO ¿QUÉ REPÚBLICA?
Ahora que se avecina el 14 de abril,
pienso: claro que no hay panaceas, ni utopías, ni remedios fantásticos… y claro
que tampoco hay vida digna sin compartir ideales, metas plausibles, mejores
sociedades. Pecar de un lado (el idealismo exaltado) sería una especie de solipsismo
huidizo, fina inocencia, y pecar del otro (el abismo feliz de lo rancio, de lo
gris) sería caer en complejo de topo triste, en una especie de dinosaurismo
parafranquista por defecto.
En España una III República está, sin
duda, al venir en breve. Porque quizás no hay otra salida a la extrema
degradación democrática en que la clase política (en buena medida corrupta y
alejada de las necesidades sociales reales) nos tiene sumidos.
Una clase política que no hace nada
por, por ejemplo, consolidar sistemas de Paz y Solidaridad Internacional; o por
de verdad acudir con soluciones viables, urgentes, a la crisis ambiental. La
clase política, al contrario, nos está lanzando a la guerra y perpetuando la
sociedad carbonizada, de control digital, de colapso garantizado, que sabemos
que nos está amenzando en lo cotidiano, en lo diario, en lo personal y en lo
colectivo.
¿Una III República podría ser el
comienzo de un cambio de rumbo profundo de nuestra enloquecida sociedad consumista,
cerebral y moralmente trepanada, violentamente ciega e insolidaria?. La
respuesta podría ser no, claro. Pero más nos vale a todos que sea que sí.
Una III República no podría centrarse
ya, como objeto central de su existir, en un simple cambio de la jefatura de estado (de
monarquía pro OTAN a presidencia electa por sufragio universal); porque este
cambio formal, aunque necesario, inevitable, no es lo que más necesitamos.
Necesitamos todavía más un estado capaz de ser barrera ante el capitalismo
explosivo que nos lleva tan velozmente hacia el abismo; y aún más que barrera,
un estado capaz de poner en marcha iniciativas colectivas que en vez de
enriquecer a los más ricos (objetivo que ahora cumple), trabaje para garantizar
los derechos de todos y de todas (la vivienda, la salud, el trabajo, la
educación… no pueden ser negocios en un tablero de juego atestado de
tiburones).
Si llegáramos a la situación que
ahora tienen los franceses, o los portugueses, o los italianos, ¿en qué
habríamos avanzado?. Sus “repúblicas” son meros, puros y endiablados resortes
de un capitalismo globalizado que nos conduce, ya lo he dicho y ya lo sabemos
todos, a un abismo biocida (que se acerca cada día un poco más).
Necesitamos una III República capaz
de poner el dedo en la llaga: el gobierno del capital (raíz de la extrema
corrupción política y la degradación democrática) no puede seguir sometiendo
nuestras vidas y la vida del planeta. Y si no tenemos claro esto, ¿para qué
sustituir a un monarca surrealista, como sufrimos, hijo de uno que se lo ha
llevado calentito, por un presidente electo -pongamos Macron como ejemplo- que
obedece sin rechistar directrices políticas obcecadamente biocidas, belicistas,
colapsistas?
Hoy en España el debate de la
República ya no es, ya no puede ser, un debate acerca de un penoso y costoso
anacronismo (la inefable monarquía borbónica pro OTAN), que urge erradicar,
sino un debate sobre un, de verdad, nuevo rumbo para una sociedad y un sistema
político-económico desbocados.
Una III República tendría que, como
primer paso entre todos, como primera medida entre todas, como primer aviso a
navegantes… una III República en España tendría que adherirse al tratado internacional
de prohibición de armas nucleares. ¿Si no, para qué una III República que pasaría
por alto la defensa de la vida?.