SIN MIEDO, SIN RESIGNACIÓN, FRENTE AL EXTERMINIO, EXIGIENDO PAZ Y JUSTICIA.-
El gobierno de España y la UE nos
han pedido, con impudicia total, que compremos un equipo de supervivencia (medicinas, agua, alimentos
para varios días, etc.); nos han pedido que seamos conscientes de las amenazas militares
que (según ellos) padecemos; y han pedido nuestro aplauso para que se transite sin
oposición el camino del rearme hasta los dientes. Esto es lo que nuestros gobiernos
y la OTAN nos piden, nos imponen… haciendo alarde de una metodología
democrática bajuna y torticera sin compasión: un falso debate en el Congreso,
un montón de medidas ya amañadas con el PP, mucha obediencia a EEUU y un peligroso
belicismo pronuclear franco-británico sobre la mesa.
Esta locura carnicera en que nos
han embarcado los gobiernos “democráticos” de la UE, debidamente adobada con
una propaganda de guerra permanente, de alto voltaje, inmisericorde, es el pan
de cada día, y de cada minuto, en que nos desenvolvemos a todas horas por obra y
gracia de irresponsables sloganes como “estar a la altura de los tiempos”, “visión
de estado”, “España socio fiable” y resto de brutalidades verborreicas de
Margarita Robles, Marc Rutte, Kaja Kallas, etc.
Y una clave de bóveda sobre la que se asienta el belicismo total de nuestros gobiernos: inyección, en altas dosis, de miedo y resignación en las venas de la ciudadanía para obtener lo más ansiado por los de arriba, a saber, carta blanca para proceder a organizar una nueva conflagración mundial (esta vez de consecuencias mucho peor que devastadoras). El miedo al enemigo y la resignación de una retaguardia sujeta a la ley marcial…. Viejas, viejísimas, armas de guerra para que los generales puedan organizar sus orgías de siempre azuzados por una clase política radicalmente despiadada. Esto es lo que tenemos.
Pero, ¿y la ciudadanía?. La
ciudadanía, a pesar de que hay muchísimas voces que critican y se oponen a este
apocalíptico estado de cosas, parece estar inmersa, bajo bloqueo, en un estado
de estupefacción y alucinación. Un estado de estupefacción cuidadosamente cultivado
por una mayoría de medios de comunicación que, faltaría más, difunden la
propaganda de guerra (editoriales, artículos de opinión, análisis sesgados,
encuestas amañadas sobre determinados temas pero no sobre otros, etc.) que los
gobiernos (y quienes dirigen a los gobiernos) ya han decidido.
La ciudadanía anda algo perdida entre la precariedad social galopante, la televisión y el impacto digital, la crisis institucional y política, la derechización de la socialdemocracia, el consumismo como desahogo falso, la ola ultraderechosa, el neoanalfabetismo líquido, el nostálgico neoconservadurismo eclesial, la crisis climática, la desazón generalizada, etc., etc, etc., etc. Y sobre este sentimiendo de pérdida y desnortamiento se están montando los nuevos vientos del militarismo y los autoritarismos varios. Que Europa no haya hecho nada frente al genocidio palestino ha sido una señal profunda y dramáticamente negativa; un signo obvio de que hemos entrado en un túnel oscuro de la historia.
En el 2003 el PSOE usó el ariete del pacifismo (aquel necesario y multitudinario “NO A LA GUERRA”) para abatir al gobierno de Aznar y su “les puedo garantizar que Sadan Husein posee armas de destrucción masiva”…. Pero hoy el PSOE da la espalda a la exigencia de Paz de la ciudadanía y vuelve a las andadas de siempre: “de entrada, OTAN no”. PP y PSOE, tanto monta, monta tanto. El sentimiento pacifista ciudadano permanece, aunque debilitado, en un país poco amigo de los militarismos, pero traicionado sin compasión por un PSOE que ni rompe relaciones con Israel, ni se opone a las bases de Rota y Morón, ni firma contra las armas nucleares, ni se resiste al rearme y envío de armas a Ucrania, etc.
Entonces, ha quedado en soledad
una ciudadanía, bombardeada con propaganda de guerra a cada segundo por los
medios de comunicación, frente al militarismo. Ha quedado en soledad una
ciudadanía pacifista que ya no cuenta con el apoyo del PSOE (como en el año
2003). Ha quedado en la estacada una ciudadanía que asiste en silencio,
aterrorizada, respirando profundo, bloqueada, ante un escenario sin duda
apocalíptico. Una ciudadanía a la que, en general y por distintas causas, no
llega ni el mensaje del movimiento pacifista (https://www.elsaltodiario.com/gasto-militar/manifiesto-resignamos-guerra-70-organizaciones-rechazan-deriva-militarista-ue-gobierno)
que se sigue oponiendo a la guerra y que clama por el desarme y las soluciones
negociadas.
Y, a pesar de esta situación tan dura y tan peligrosa y tan difícil, habrá de ser la ciudadanía sí o sí, otra vez, la que levante cabeza y vuelva a decir NO A LA GUERRA, barriendo de los gobiernos a quienes ponen en peligro millones de vidas de seres humanos y la habitabilidad en el planeta.
Es la ciudadanía, sin miedo, sin
resignación, frente al exterminio, exigiendo PAZ y JUSTICIA, la que va a tener que frenar,
directamente, tanto militarismo apocalíptico azuzado por gobiernos enloquecidos
y genocidas que solo ven ocasión para las amenazas, el rearme, la confrontación
y la última de las guerras.
Es hora de ponerse en marcha.