Qué duda cabe que El Roto es un dibujante excepcional, el viñetista nº 1 de este país. Su obra gráfica vale tanto como 100 tratados de Filosofía, Economía, Antropología, Cultura, Educación, Política, conciencia… Al ver sus continuas aportaciones en la prensa de este país uno se siente más seguro: porque compruébase que hay alguien que ve la complicada realidad que vivimos con el rigor y el sentido crítico necesarios. Con El Roto y su trabajo la vida en este país es mejor y una luz clara de esperanza permanece alta, encendida, radiante. Solo él, él considerado aisladamente (que obviamente no lo está), vale tanto o más que todo el poder de una iglesia católica, de una RAE, de un estado, de los profetas enriquecidos (me refiero a Aznar, González, Zapatero…), de una biblioteca nacional… Lo que El Roto dice parece claro, sencillo y verdadero en este mundo oscuro y violento. Mientras los otros antes citados pontifican engoladamente sobre el tamaño del Universo interestelar, El Roto expresa lo que de verdad piensa la mayoría sobre las cosas que importan, como Guillermo Tell acertaba en la manzana sobre la cabeza de su hijo a comienzos del siglo XIV.
Aún así, con atrevimiento pero a la
vez con cuidado, quisiera matizar una frase de esta viñeta suya: “La guerra es
una unión temporal de odios, apúntese”. El matiz que aporto es: la temporalidad
de la guerra -entendida esta como el estallido y desarrollo de conflictos
armados- no es tal. Es decir: este conflicto armado, o aquel, o aquel otro… no
es sino fruto de un sistema permanente donde la violencia militar gestionada
por las élites es hecha estallar en determinados momentos, sobre todo, a modo
de resolución armada de procesos de competitividad económica entre grandes
polos de intereses industriales, comerciales, productivos, de mercado, etc.
No, la guerra no es un sarpullido
eventual donde el odio campa a sus anchas durante un corto período de tiempo y
luego desaparece hasta otra erupción. No; creo que la guerra es, más bien, un permanente sistema de amenazas (fundado, obviamente, en el poder militar) que, para
consolidar determinados interes político-económicos, se activa en ciertos
momentos (en forma de enfrentamiento armado) en que dichas élites optan por
‘arriesgarse’ (con montones de cadáveres sobre la mesa que no pertenecen a
dichas élites) para asegurarse nuevos botines.
Cuando les interesa, cierto que las
élites azuzan en el pueblo, sin duda ninguna, las dos más efectivas palancas
que conducen a la violencia militar generalizada: el odio y el miedo al otro. Esto
lo hacen las élites porque, hasta ahora, la gasolina que hace arder las guerras
es la sangre de ese pueblo que es, sobre todo y en primer lugar, bombardeado
por la propaganda belicista. “Apúntese, usted es la inevitable carne de cañón
que ha de salir despedida por los aires…” (quizás podría haber completado El
Roto).
Muchos pensadores lo han sabido siempre:
"La guerra es la política por otros medios" (Carl von Clausewitz) [en su famoso libro De la guerra (Vom Kriege, publicado originalmente en 1832]; "La propaganda es a la democracia lo que la cachiporra al estado totalitario" (N. Chomsky) [https://books.google.com/books/about/C%C3%B3mo_nos_venden_la_moto.html?id=uGx5-LJZYAoC]: "La primera víctima cuando llega la guerra es la verdad" (H. Johnson) [https://www.theguardian.com/notesandqueries/query/0,5753,-21510,00.html]; "Los líderes políticos que claman por la guerra nunca son los que van a luchar; usan a los jóvenes como carne de cañón para sus ambiciones" y “La guerra es la salud del estado” [Howard Zinn en La otra historia de los Estados Unidos -1980-, cap. 14]; "Una de las características más horribles de la guerra es que toda la propaganda bélica, todos los gritos, las mentiras y el odio, provienen invariablemente de personas que no están luchando" (G. Orwell) [https://www.snopes.com/fact-check/orwell-war-propaganda-quote/]
Una obra cumbre donde se denuncia cómo los profesores y gobernantes convencieron a toda una generación de adolescentes para marchar al matadero de la Primera Guerra Mundial es “Sin novedad en el frente” (1929), de Erich Maria Remarque:
"Mientras ellos seguían escribiendo y discurseando, nosotros veíamos hospitales y moribundos; mientras ellos definían como supremo el servicio al Estado, nosotros sabíamos ya que el miedo a la muerte es más fuerte. Con todo, no fuimos rebeldes ni desertores (...) amábamos a nuestra patria tanto como ellos (...). Pero ahora distinguíamos lo verdadero de lo falso (...). Vimos que nada quedaba de su mundo. Nos encontramos de pronto terriblemente solos; y tuvimos que salir adelante solos".
La coyuntura de una guerra concreta es temporal en el sentido de que los estallidos bélicos (6 años duró la última guerra mundial) son limitados en el tiempo, pero es permanente, estructural, en el sentido de que los ejércitos, el rearme, la política exterior basada en el intervencionismo militar forman parte de un sistema capitalista que usa la violencia mortífera de su poder militar para asegurarse el contínuo beneficio económico de los ricos. A veces la historia ofrece un brote de cordura... en la Constitución de la II República Española decía: "España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional" (09/12/1931).
Entonces, exacta y brevemente: se muere en las guerras para llenar los bolsillos de los ricos. Apúntate.

