Es decir: tenían la plena conciencia y la dolorida
sensibilidad de estar viviendo en ese paraíso original del que se habla en los
mitos antiguos, pero, a la vez, sujetos violentamente por conquistadores de
toda laya que dividieron la tierra y se quedaron con lo mejor de ella para
generar situaciones de esclavitud, hambre, dependencia severa, honda amargura...
Así que -los y las de aquí lo sabemos muy bien, como Lorca o Juan Ramón- esta
es la tierra donde se pasa de la fiesta a la muerte en un pestañeo (un pestañeo
de los señoritos, se entiende). Aquí siempre fue así y la injusticia campó a
sus anchas con mil bendiciones…
Esta conciencia de un paraíso ensangrentado siempre por la injusticia
más cruel, ¿no es ahora el mismo, quizás, espíritu que asola toda la Tierra?. Parece
que sí, que ahora el mundo se ha convertido en Andalucía, que la dolorida
historia de Andalucía ha sido, de alguna manera, expandida al resto del globo
terráqueo, el cual, a su vez paraíso de vida, flota suspendido en la infinitud
del Universo y es gobernado por estúpidos tiranos biocidas, ¿no es así?.
En el sobrecogedor poema “Los andaluces” (p. 58 de este pdf
del Instituto Cervantes sobre la poesía esencial de J. Hierro: https://cvc.cervantes.es/literatura/pocenar/pdf/02_hierro_es.pdf),
el gran José Hierro habla de cómo los andaluces sufrían más que nadie el frío
de las cárceles franquistas, cómo ellos conocían, mejor que nadie, el
diferencial humano que va desde un paraíso de colores, sabores, aromas,
paisajes… a una lóbrega celda donde te aguarda la muerte o por un disparo, o
por una enfermedad, o por hambre, o por ostracismo, o por tortura, etc.
Quizás, de pronto, todo el planeta se ha vuelto Andalucía, o
Auschwitz, o Hiroshima, o Vietnam. No sé.
