jueves, 2 de abril de 2026

CRUZARSE DE BRAZOS ANTE EL HOLOCAUSTO PROGRAMADO EN EL QUE VIVIMOS

 

      Quiera o no quiera la brutal propaganda de guerra que acaban de inyectarnos en TV con el “desembarco” de La Legión en Málaga, la pregunta clave no puede ser amputada sin más: ¿si las guerras han dejado de ser “justas”, y ciertamente que nunca lo fueron, entonces por qué y para qué seguimos sosteniendo ejércitos injustos que se dedican a organizar un “Armagedón” u holocausto general?. Y: ¿es éticamente aceptable el cruzarse de brazos y mirar hacia otro lado de tanta gente, en realidad inocente, que va a ser víctima segura de su conducta de avestruz?.

      Estoy lejos de las posiciones “progresistas”, en materia de ‘guerra justa’, del filósofo australiano Seth Lazar (1979) (que condena el uso en combate real de las armas nucleares, pero que aprueba la “disuasión” nuclear efectiva que implica la fabricación, tenencia, gestión, etc., de las mismas), pero reproduzco aquí un párrafo de un breve e interesante artículo suyo extraído de la compilación “Los filósofos miran hacia el mundo. 62 problemas de ética práctica” (Ed. Cátedra, M., 2018, pp. 45-48) que se pregunta por la injusticia de la misma institución militar (y no solamente por la justicia o injusticia de las guerras):

      “…primero, ¿es moralmente aceptable tener fuerzas armadas cuando se podría prescindir de ellas? Segundo, ¿constituyen nuestras fuerzas armadas el óptimo moral [the morally best] factible dadas las circunstancias? Llamemos a la primera justificación mínima y a la segunda justificación plena. Una condición necesaria para ambas es que la posibilidad razonable de causar bienes sea mayor que la de los males causados. Cualesquiera que sean nuestras inclinaciones morales, si se considera que nuestras fuerzas armadas harán el mal en mayor medida que el bien en comparación con su inexistencia como institución, entonces no pueden estar mínimamente justificadas; si consideramos que harán el mal en mayor medida que el bien en comparación con otras instituciones factibles que podrían sustituirlas, no pueden estar plenamente justificadas”.

      Es obvio que el mal que pueden causar los ejércitos en el mundo de hoy es muy sobradamente superior (como Hiroshima y Nagasaki demostraron) al bien que puedan engendrar en cualquier sentido imaginable. Baste pensar, aunque no solamente en ellas, en las agresivas doctrinas hoy al uso del arma nuclear de unas y otras potencias; es decir, baste pensar en las instituciones militares de hoy: agigantadas, nuclearizadas, intervencionistas, consumidoras de inmensos recursos energéticos y contaminantes, apartadas completamente de la actitud “defensiva”, violadoras del Derecho Internacional, detentadoras de un poder propio en parte autónomo del poder civil, consumidoras de centenares de miles de millones de euros/dólares, etc.

      Las instituciones militares del siglo XXI no nos defienden de nada. Al contrario, simplemente son (las dos guerras mundiales, la guerra fría y la proliferación nuclear lo demuestran sobradamente) el mayor peligro -todavía más que el cambio climático- que la humanidad -y la vida en el planeta- tiene encima. Las guerras que el llamado “complejo militar” sostiene crónicamente sobre la faz de la Tierra están coadyuvando muy notablemente a un holocausto general en forma de ecocidio (https://espacio-publico.com/ecocidio-otra-cara-del-genocidio-la-naturaleza-como-campo-de-batalla); es decir, el mal profundo que conllevan y pueden desatar las guerras es infinitamente superior a cualquier bien imaginable que ellas pudieran representar en algún sentido; luego, sin duda, carecen de toda legitimidad ética y moral (siguiendo, en cierto sentido, el razonamiento de Seth Lazar) las instituciones que las llevan a cabo.

      Las guerras y los ejércitos (fábricas, bancos, políticos…) que las mantienen para matar a nuestros hermanos de otras creencias, sistemas políticos, etc., carecen hoy, en un mundo al borde del colapso ecológico, energético, demográfico, climático, etc., de toda legitimidad ética y moral. Porque, hoy más que nunca, la codicia económica de las potencias occidentales por apropiarse de los recursos sobre todo energéticos de países del Sur ha puesto al descubierto -de forma tan brutalmente descarada y genocida- cuál es el verdadero motor (nada ético, nada moral) de las instituciones militares y del complejo político-económico que las respaldan.

Recordemos que “Mientras el mundo intenta limitar el calentamiento global a 1,5ºC, las operaciones militares en unas pocas semanas pueden borrar años de esfuerzos de descarbonización civil… Se estima que la ofensiva en Irán ha emitido tanto CO2 en 2 semanas como la suma de 84 países” (Alberto Fraguas, en el artículo citado)

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      Sobre el filósofo Seth Lazar y su concepción ética/moral de la “guerra justa”:

-“Perdonar a los civiles”:

https://ndpr.nd.edu/reviews/sparing-civilians-2/

-Su idea de guerra justa en: https://plato.stanford.edu/entries/war/

-“Finales y consecuencias en la ética de la guerra”:  https://www.politics.ox.ac.uk/sites/default/files/inline-files/SJ016_Lazar_Endings%26Aftermath_War.pdf

-“Deberes asociativos y la ética de matar en la guerra”: https://www.jpe.ox.ac.uk/papers/associative-duties-and-the-ethics-of-killing-in-war/

-“El dilema de la responsabilidad por matar en la guerra: un ensayo de revisión”: https://philarchive.org/rec/LAZTRD