Quizás las guerras no son solamente enfrentamientos de intereses económicos y afanes por imponer militarmente, en beneficio del más fuerte, avaricioso y matón, áreas de control político y de mercado. Quizás las guerras son, hablo desde un punto de vista psicológico, también una forma del Hombre por destruir sin otro objeto que destruir; es decir, un impulso autopunitivo que se correspondería con un intento de robarle el poder absoluto a la Muerte para contrarrestar el miedo instintivo ante el fin propio.
Esta estúpida patología profunda y cronificada de los seres humanos podría quizás explicar, parcial y psicológicamente hablando, en qué base psíquica se asientan las guerras: matar a "los otros", por miedo, intentando sobreponerse subconscientemente a la muerte de cada quien. Por eso, los criminales más grandes de la Historia (Hitler, Trump, Netanyahu, etc.) son los que, sin duda, más miedo a morir tienen y más matan.
𝐏𝐞𝐫𝐨, 𝐧𝐨 𝐜𝐚𝐛𝐞 𝐝𝐮𝐝𝐚, 𝐞𝐬𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐯𝐞𝐫𝐬𝐚 𝐩𝐮𝐥𝐬𝐢o𝐧 𝐧𝐨 𝐯𝐚 𝐝𝐢𝐫𝐢𝐠𝐢𝐝𝐚 𝐬𝐨𝐥𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐫𝐚 𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧𝐨𝐬. 𝐄𝐬 𝐦𝐚𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐟𝐮𝐧𝐝𝐚 𝐚𝐮𝐧 𝐲 𝐬𝐞 𝐝𝐢𝐫𝐢𝐠𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐕𝐢𝐝𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐚. ¿O cabe alguna duda de que el Capitalismo tiene una muy declarada pulsión biocida que, como vemos hoy en día, no deja -por ejemplo- glaciar o especie o bosque o río o montaña o prado o bahía viva?, ¿o cabe alguna duda de los peligros de contaminar el río Guadalquivir por intereses mineros o las costas del estrecho de Gibraltar por intereses de las compañías marítimas que transportan fuel?, ¿o cabe alguna duda viendo la negligencia continuada de las administraciones públicas en materia de extinción de incendios mientras el Capitalismo biocida hace crecer y crecer y crecer los gastos militares hasta cifras estratosféricas?.
Todo coincide en que el objetivo de tantísima violencia es, más allá de la vida directa e inmediata de las "otras poblaciones", la Vida misma; y que la vía para ejecutar semejante grandísima estupidez es, psicológicamente hablando, fundirse con la Muerte (además de llenar el bolsillo de algunos desalmados e irresponsables avariciosos). Qué duda cabe.
Y me remito, para finalizar, a una canción de moda en este país; una canción directamente conectada con los afanes de muerte y que se blande (incluso vistiendo a los niños de legionarios) como símbolo de fuerza bruta y "unidad de la patria": soy el novio de la Muerte....
Soy un hombre a quien la suerte
Hirió con zarpa de fiera
Soy un novio de la muerte
Que va a unirse en lazo fuerte
Con tal leal compañera
Es obvio que este clima cerril en que vivimos no es bueno y que solo nos puede traer lo peor.
