lunes, 25 de mayo de 2026

¿DESARMAR LA IA O TERMINAR CON LAS GUERRAS DEL CAPITALISMO?



¿ DESARMAR LA IA O TERMINAR CON LAS GUERRAS DEL CAPITALISMO ?

Acceso a la encíclica “Magnifica humanitas”: https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html

Importante, necesario, profundo, lleno de buenas razones y esperanzador documento esta encíclica del papa León XIV contra las guerras. Otra cosa es, por ejemplo, el arzobispado general castrense… o cosas inconcebibles como los actos de la Legión en Málaga, el jueves santo, cantando “soy el novio de la muerte” bajo el Cristo de Mena (https://www.rtve.es/noticias/20230406/semana-santa-2023-procesion-cristo-mena-legion-directo/2436547.shtml), o las bendiciones de barcos de guerra (https://www.diariodecadiz.es/sanfernando/Armada-Carraca-tradicional-Bendicion-Mar_0_704929578.html), o la presencia de sacerdotes en las bases militares, o el mensaje extraordinariamente conservador y beligerante de la poco magnífica COPE, o la utilización política de la Iglesia en medios de comunicación como ABC, etc., etc.

La crítica a los gastos militares y a las guerras por parte del papa son ya conocidas (https://canaln.pe/internacionales/papa-leon-xiv-critica-aumento-gasto-militar-global-n492020), pero esta encíclica -un buen resumen en: https://perucatolico.com/la-enciclica-magnifica-humanitas-del-papa-leon-xiv/- viene a ser una declaración formal de pacifismo bastante avanzado (incluido, por fin, la puesta en jaque del viejo concepto de “guerra justa”) que deja las cosas más o menos en su sitio si se exceptúa la demasiado flexible "legítima defensa".

No obstante, sorprende en la encíclica la apelación a un “sano realismo”. Sorprende porque pareciera que lo que importa es, en general, un alto el fuego como prioridad y como un buen hacer paralelo a la “magnifica humanitas”, mientras que la puesta en entredicho del propio sistema militarista -la raíz del problema- no queda tan clara. Que, verdaderamente, no haya ética en la guerra trufada de IA de acuerdo; pero que antes de esa situación hubiera ética, no es comprensible ni cierto. La deshumanización total ya fue inaugurada en Hiroshima y Nagasaki y desde entonces, con IA y sin IA, no ha dejado de prosperar hasta límites que sobrepasan, muy mucho, la imaginación. No queda claro que el pacifismo del papa León XIV vaya a la raíz, a saber, que el sistema capitalista produce automáticamente un estado de guerra permanente (la “guerra mundial a pedazos”), la de todas las potencias contra todas. Y en este caso no ir a la raíz puede significar que el pacifismo desiderativo venga a carecer de fuerza política, quedando solo en una apuesta ética y un quejumbroso lamento.

Hay un sistema de depredación de la Naturaleza, de consumo desorbitado en los países ricos, de contaminación, de confrontación armada por los recursos, de acaparación de riquezas, de dominio violento de mercados, de economía financiera salvaje, etc., que -en un contexto de emergencia climática- está en la base de la proliferación de las guerras. La realidad de los millones de víctimas no puede entenderse sin este soporte sistémico de la crítica fase de violento Capitalismo en que nos encontramos (“la conciencia de que las disparidades económicas son terreno fértil paralas tensiones y la violencia”, dice suavemente la encíclica en el punto 32; y también: “el potencial positivo del mercado y de la iniciativa privada sólo si se mantienen subordinados a la ley moral y guiados por el principio de solidaridad, sin sacrificar a los más débiles en aras de la lógica del lucro”, 39).

<<197. A este panorama se suma el desarrollo incesante de los sistemas de armas y en particular de las armas relacionadas con la IA. La Santa Sede ha señalado recientemente que la creciente facilidad con la que se pueden emplear los sistemas de armas con autonomía operativa hace que la guerra sea más “viable” y menos sujeta al control humano, lo que contradice el principio de que recurrir a la fuerza armada debe ser un último recurso en caso de legítima defensa. [183] Por ello, el desarrollo y el uso de la IA enel ámbito bélico deben estar sujetos a las restricciones éticas más rigurosas, y al respeto de la dignidad humana y de la sacralidad de la vida, evitando una carrera armamentista. [184]>>.

En ese importante párrafo se ve que el papa no ha entendido que no se trataría solamente de “limitar”, en el sentido de “suavizar” o “minimizar”, etc., la automatización de los sistemas de armas (ciertamente, uno de los mayores peligros a los que se enfrenta la humanidad), sino que la existencia misma de, por ejemplo, los sistemas de armas de destrucción masiva es un atentado frontal, biocida y totalmente inaceptable, contra la humanidad. Dar algún crédito todavía, en el mundo apocalíptico de hoy, al “principio de que recurrir a la fuerza armada debe ser un último recurso en caso de legítima defensa” da que pensar… <<Hoy más que nunca es importante reiterar la superación de la teoría de la “guerra justa”, invocada con demasiada frecuencia para justificar cualquier guerra, sin perjuicio del derecho a la legítima defensa, entendida en el sentido más estricto>>. Antes la denostada “guerra justa” y ahora la inevitable “legítima defensa”…

<<190. Hoy, en cambio, asistimos a un verdadero cambio de paradigma en el discurso público y en las decisiones de rearme, con una preocupante rehabilitación de la guerra como instrumento de política internacional, mientras se erosionan precisamente aquellos criterios éticos que habían limitado su uso>>… El estado de cosas en que, en bastante escasa medida, los “criterios éticos” limitaban las guerras tampoco era aceptable; tanto no lo era que la realidad hoy muestra cómo esa limitación no era más que un ‘impass estratégico’ de un sistema en sí mismo calculadamente belicista.

Quizás el papa León XIV, a pesar de que critica la guerra a fondo, se ha quedado corto. Aunque sí “colonialismo” y “globalización”, no ha incluido el papa en su encíclica palabras como “capitalismo”, “genocidio”, “pacifismo”, “militarismo”... Las guerras no son solamente fruto de una ética viciada, afán instintivo de violencia, deshumanización, grave pérdida de espiritualidad y sentido de la comunidad… las guerras también son fruto de decisiones estructurales, de carácter político y económico muy fríamente calculadas. La IA, en este sentido, no tiene nada de inhumana; es una mera extensión de por dónde van lo poco magníficos humanos (ya gobernantes, ya multimillonarios, ya rezando, ya desde su propia hediondez) que la dirigen.