Hubo un tiempo, hace mucho tiempo, en que los muy muy jóvenes estudiantes nos vimos acosados en la calle (...que era del fundador del PP Manuel Fraga), varias veces, por los grises y amarronados sostenedores del orden franquista, aquellos seres barrigones y espumarajos en la boca que con bigotitos finos y porras de caucho y goma dura nos 'recordaban' hasta dónde podíamos, según ellos, llegar. Estos funcionarios especializados en pegar a los muy muy jóvenes estudiantes no sabían que luego de recorrer corriendo el centro de Jerez, acosados por landrovers y caballos, volvíamos a nuestras casas y veíamos, contagiándonos de su magia y su risa, al indomable e inclasificable Juan Tamariz.
Naturalmente, el asqueroso y pútrido sistema franquista no se imaginaba que aquella magia y aquella risa de Juan Tamariz nos vacunaba, risa a risa, magia a magia, contra el odio y el viejo casticismo maloliente del miedo con peste a humedad de los sótanos y sotanas de este país. Recuerdo vagamente la temible comisaría de la plaza Silos, pero más se fijó en mí, en silencio, el arte de un mago ajeno a la inmundicia violenta de aquel momento.
Gracias a los artistas, creadores, poetas, que nos salvaron la vida entonces y hoy. Gracias, Juan Tamariz; gracias, Quequé; gracias, Polònia; gracias, el Intermedio; gracias, Manu Sánchez; gracias, carnaval de Cádiz. Gracias por salvarnos la vida a todos y a todas.
Truco del calcetín:
