A veces me da por leer antiguallas que, desgraciadamente, pueden iluminar, aunque ya poco y oscuramente, nuestro retrógrado presente... Y hoy (porque tengo fiebre del alma) me dio por repasar esto: “Discursos leídos ante la Real Academia Española en la recepción pública del Excmo. Sr. D. José María Pemán y Pemartín celebrada el 20 de diciembre de 1939, año de la victoria, bajo la presidencia de S.E. el jefe del estado”… o sea que el gran asesino de la historia de España estuvo presente y, obviamente, de alguna manera nada delicada, fue él quien habló -a sangre y fuego- en boca de la pluma servil de Pemán (el “poeta nacional” y “cantor de la Cruzada”).
El
necrológico discursito de Pemán (que le valió la dirección de la RAE), bajo el
título "Del sentido civil y su expresión en la poesía
española", trata de hacer ver a la concurrencia que lo más díscolo,
elevado e íntimo de la condición humana, la capacidad libertaria y subversiva
de hacer poesía, ha de quedar sometida a las migrañas tradicionalistas
pendencieras de El Cid y Santiago y Cierra España… en definitiva (él era
abogado): que la poesía no ha de ser poesía, sino voz en ráfaga de los
generales golpistas, oficio de un pensamiento servil que se somete a vocero
apaniaguado de militares “victoriosos” (es decir, exactamente TODO LO
CONTRARIO de lo que la poesía debe ser: libertad, sensibilidad, belleza,
hondura de lo humano). Pemán aboga por una poesía que, doctrinariamente,
defienda a martillazos la, según él, condición cristiana de la civilización
europea. Un poemita, vamos… España tradicional, ultranacionalista y catolicista
donde como mínimo la mitad del país ha de pasear por cunetas, hollancas y
descampados. Maravilloso Pemán, faro vomitivo de la poesía más oscura.
Pero
seleccionemos algunas antidemocráticas citas (véase: https://www.rae.es/sites/default/files/Discurso_ingreso_Jose_Maria_Peman.pdf)
donde se observe cómo, debido a su argumentario belicista (nada cristiano), El
Poeta queda autorreducido a bailón palmero de violentos generales:
1ª.-
“Sí: nueva ocasión, distinto tono. El que habla a orillas del estruendo del
mar, tiene que levantar la voz. Así también el que habla a orillas de este
estruendo, todavía demasiado próximo, de una Guerra surcada de ráfagas divinas
y satánicas, donde el hombre, por arriba y por abajo, en la heroicidad y en el
crimen, ha marcado todos los máximos y mínimos niveles, de su ancha e
incongruente posibilidad” (pp. 6-7). Se entiende que la divinidad y la
heroicidad son de las armas golpistas, y el satanismo y los crímenes de los
no-humanos que fueron exterminados.
2ª.- “…los dos fragmentos
doloridos de España, que han de ser lás más limpias bases de su esperada
regeneración: unos venimos de conocer la Guerra: el dolor luminoso de la zona
nacional; otros salis de conocer el cautiverio: ese otro dolor menos vistoso
acaso, pero no menos fecundo, de la zona roja. He aquí los dos dolores maternales
de la hora hispánica; las dos llagas sangrantes de sus manos redentoras. He
aquí las dos nuevas y depuradas humanidades que, superando toda negación han de
formar con su unión la grandeza futura de España…”
(p. 7). Este perverso párrafo, si se lee detenidamente, quiere equiparar a unos
y a otros y, en consecuencia, hacer pasar por víctimas a los golpistas. Pero
luego no se corta y añade eso de “las dos nuevas y depuradas humanidades”: una
ya más victoriosa y la otra en las cunetas (lo que se dice bien depurada…).
3ª.-“Probablemente,
de un modo más o menos difuso, con altas y bajas, puede decirse que, a partir
de Don Alfonso el Sabio, hay ya en España un concepto de Corte, más amplio que
el de simple "cuartel general" para la guerra. La Corte es concebida
ya como selección rectora para la vida civil. En la cima de la Nación empieza ya
o sentirse una fuerza de impulsión, de construcción de la vida pública: de resistencia,
si es preciso, al alud de lo espontáneo y plebeyo”. Es obvio que aquí El
Poeta canta directamente al totalitaritarismo del Caudillo (“la cima de la
Nación”) y a la necesaria rectoría (“fuerza de impulsión”) frente al “alud de
lo espontáneo y plebeyo”.
4ª.-“Así cuando aconseja una prudente mesura entre “crueldat” y “mansedat” (I); así cuando recuerdan al Rey, que tenía bastante olvidada la empresa reconquistadora, que “la paz non se alcanza sinon con la guerra" ... Entonces las redondillas del judío de Carrión suenan como un lejano precedente popular de los tercetos cívicos de Quevedo al Conde Duque”. En estas notas Pemán alude a los proverbios de Don Sem Tob, pero para justificar, con media boquita, la “crueldat” y la guerra de “reconquista” que han de impulsar los reyes…
5ª.-“Fernando
el Católico o Luis XI, fueron enormes artistas de la diplomacia: pero el arte
diplomático es una creación florentina. Como es italiana el Arte della guerra,
aunque su amplia y artística realización sea honor de nuestro Gonzalo de
Córdoba. Como el Imperio es sueño o teoría en Dante y Petrarca, aunque sus fragmentadas
realizaciones sólo hayan sido germánicas y, sobre todo, españolas”. Aquí,
de nuevo, vemos un intento de igualar al Caudillo con “el Imperio”, “Gonzalo de
Córdoba”… regalando a los oídos del Caudillo la justificación de su descomunal
sangría.
Toda
esta arenga intelectualoide de Pemán para justificar y aplaudir y ensalzar a
Franco y sus generales está completamente atiborrada de este argumentario
belicista que, de todas las maneras posibles, desparrama El Poeta queriendo,
como sea, identificar el sentir de España con “una empresa” (la Cruzada)
militar y catolicista.
Digamos,
finalmente, que Pemán no solamente estaba haciendo, me parece a mí, la peor de
las antipoesías (belicismo, totalitarismo, etc.) y justificando lo
injustificable, sino que, probablemente, también, estaba intentando -quizás por
vanidad- enterrar el espíritu crítico de Unamuno, quien afeó a escritores como
Pemán por "vencer por la fuerza bruta, pero no convenciendo con la
razón".

