viernes, 9 de enero de 2026

PEMÁN EN DEFENSA DE LA GUERRA (1939).-


A veces me da por leer antiguallas que, desgraciadamente, pueden iluminar, aunque ya poco y oscuramente, nuestro retrógrado presente... Y hoy (porque tengo fiebre del alma) me dio por repasar esto: “Discursos leídos ante la Real Academia Española en la recepción pública del Excmo. Sr. D. José María Pemán y Pemartín celebrada el 20 de diciembre de 1939, año de la victoria, bajo la presidencia de S.E. el jefe del estado”… o sea que el gran asesino de la historia de España estuvo presente y, obviamente, de alguna manera nada delicada, fue él quien habló -a sangre y fuego- en boca de la pluma servil de Pemán (el “poeta nacional” y “cantor de la Cruzada”).

El necrológico discursito de Pemán (que le valió la dirección de la RAE), bajo el título "Del sentido civil y su expresión en la poesía española", trata de hacer ver a la concurrencia que lo más díscolo, elevado e íntimo de la condición humana, la capacidad libertaria y subversiva de hacer poesía, ha de quedar sometida a las migrañas tradicionalistas pendencieras de El Cid y Santiago y Cierra España… en definitiva (él era abogado): que la poesía no ha de ser poesía, sino voz en ráfaga de los generales golpistas, oficio de un pensamiento servil que se somete a vocero apaniaguado de militares “victoriosos” (es decir, exactamente TODO LO CONTRARIO de lo que la poesía debe ser: libertad, sensibilidad, belleza, hondura de lo humano). Pemán aboga por una poesía que, doctrinariamente, defienda a martillazos la, según él, condición cristiana de la civilización europea. Un poemita, vamos… España tradicional, ultranacionalista y catolicista donde como mínimo la mitad del país ha de pasear por cunetas, hollancas y descampados. Maravilloso Pemán, faro vomitivo de la poesía más oscura.

Pero seleccionemos algunas antidemocráticas citas (véase: https://www.rae.es/sites/default/files/Discurso_ingreso_Jose_Maria_Peman.pdf) donde se observe cómo, debido a su argumentario belicista (nada cristiano), El Poeta queda autorreducido a bailón palmero de violentos generales:

1ª.- “Sí: nueva ocasión, distinto tono. El que habla a orillas del estruendo del mar, tiene que levantar la voz. Así también el que habla a orillas de este estruendo, todavía demasiado próximo, de una Guerra surcada de ráfagas divinas y satánicas, donde el hombre, por arriba y por abajo, en la heroicidad y en el crimen, ha marcado todos los máximos y mínimos niveles, de su ancha e incongruente posibilidad” (pp. 6-7). Se entiende que la divinidad y la heroicidad son de las armas golpistas, y el satanismo y los crímenes de los no-humanos que fueron exterminados.

2ª.- “…los dos fragmentos doloridos de España, que han de ser lás más limpias bases de su esperada regeneración: unos venimos de conocer la Guerra: el dolor luminoso de la zona nacional; otros salis de conocer el cautiverio: ese otro dolor menos vistoso acaso, pero no menos fecundo, de la zona roja. He aquí los dos dolores maternales de la hora hispánica; las dos llagas sangrantes de sus manos redentoras. He aquí las dos nuevas y depuradas humanidades que, superando toda negación han de formar con su unión la grandeza futura de España…” (p. 7). Este perverso párrafo, si se lee detenidamente, quiere equiparar a unos y a otros y, en consecuencia, hacer pasar por víctimas a los golpistas. Pero luego no se corta y añade eso de “las dos nuevas y depuradas humanidades”: una ya más victoriosa y la otra en las cunetas (lo que se dice bien depurada…).

3ª.-“Probablemente, de un modo más o menos difuso, con altas y bajas, puede decirse que, a partir de Don Alfonso el Sabio, hay ya en España un concepto de Corte, más amplio que el de simple "cuartel general" para la guerra. La Corte es concebida ya como selección rectora para la vida civil. En la cima de la Nación empieza ya o sentirse una fuerza de impulsión, de construcción de la vida pública: de resistencia, si es preciso, al alud de lo espontáneo y plebeyo”. Es obvio que aquí El Poeta canta directamente al totalitaritarismo del Caudillo (“la cima de la Nación”) y a la necesaria rectoría (“fuerza de impulsión”) frente al “alud de lo espontáneo y plebeyo”.


4ª.-“Así cuando aconseja una prudente mesura entre “crueldat” y “mansedat” (I); así cuando recuerdan al Rey, que tenía bastante olvidada la empresa reconquistadora, que “la paz non se alcanza sinon con la guerra" ... Entonces las redondillas del judío de Carrión suenan como un lejano precedente popular de los tercetos cívicos de Quevedo al Conde Duque”. En estas notas Pemán alude a los proverbios de Don Sem Tob, pero para justificar, con media boquita, la “crueldat” y la guerra de “reconquista” que han de impulsar los reyes…

5ª.-“Fernando el Católico o Luis XI, fueron enormes artistas de la diplomacia: pero el arte diplomático es una creación florentina. Como es italiana el Arte della guerra, aunque su amplia y artística realización sea honor de nuestro Gonzalo de Córdoba. Como el Imperio es sueño o teoría en Dante y Petrarca, aunque sus fragmentadas realizaciones sólo hayan sido germánicas y, sobre todo, españolas”. Aquí, de nuevo, vemos un intento de igualar al Caudillo con “el Imperio”, “Gonzalo de Córdoba”… regalando a los oídos del Caudillo la justificación de su descomunal sangría.

Toda esta arenga intelectualoide de Pemán para justificar y aplaudir y ensalzar a Franco y sus generales está completamente atiborrada de este argumentario belicista que, de todas las maneras posibles, desparrama El Poeta queriendo, como sea, identificar el sentir de España con “una empresa” (la Cruzada) militar y catolicista.

Digamos, finalmente, que Pemán no solamente estaba haciendo, me parece a mí, la peor de las antipoesías (belicismo, totalitarismo, etc.) y justificando lo injustificable, sino que, probablemente, también, estaba intentando -quizás por vanidad- enterrar el espíritu crítico de Unamuno, quien afeó a escritores como Pemán por "vencer por la fuerza bruta, pero no convenciendo con la razón".