Dalí fue, especialmente a partir
de 1948, un artista adscrito al régimen fascista del general Franco al 100%.
Llegó a escribir cartas al general golpista felicitándole por las penas de
muerte que este llevaba a cabo: “En el otro lado de la balanza, Franco contó
con la complicidad de regímenes amigos, como el Chile de Pinochet, o con las
palabras entusiastas de personajes como Salvador Dalí, quien en declaraciones
públicas afirmó que las protestas extranjeras habían rejuvenecido al franquismo
treinta años y, sobre las penas de muerte ejecutadas, que “habría que
hacerlas tres veces más”. Igualmente, Franco conservaba su principal apoyo
internacional, los Estados Unidos” (https://www.sinpermiso.info/textos/los-ultimos-zarpazos-de-franco-27-de-septiembre-de-1975)
Sin embargo, el muy desnortado
personaje y cómplice consciente de una de las dictaduras más sanguinarias de
Europa, llegó a pintar -sorprendentemente- un cuadro ("El rostro de la guerra"), de 1940, estando en Monterey
(California), donde denunciaba las guerras y la violencia infinita, crónica,
que emana de ellas, reproduciéndose inevitablemente en el tiempo y en el horror
de la vida humana. Aunque no se le ocurrió pensar que la cara de la guerra era
exactamente la ensangrentada cara del asesino general Franco, supo ver con
acierto, al menos, que la violencia solo engendra violencia y que las guerras
solo encienden más y más la espiral de la violencia.
Otros pensadores contemporáneos,
mucho más inteligentes que el penoso Dalí, han escrito acerca del contenido
macabro de lo que el pintor de Cadaqués quiso, probablemente, expresar:
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«-[...] el comercio mundial de
armas —totalmente fuera de control— y engordadas por la industria
armamentística, sedienta de beneficios, con el apoyo tácito [...] de unos
Gobiernos nacionales obsesionados por mejorar las cifras del crecimiento del
PIB». (Z. Bauman: Extraños llamando a la puerta) https://www.planetadelibros.com/libro-extranos-llamando-a-la-puerta/220255.
Bauman señala cómo el negocio armamentista crea un círculo vicioso en la ‘modernidad
líquida’, vía mercantilización del miedo, ya que para vender más armas se
necesita amplificar el miedo al enemigo, lo que a su vez justifica un mayor
gasto militar global. Lo que se dice que hará pronto la IA para perpetuarse,
pero ya en marcha a lo largo de todo el s. XX.
-En “De
guerra en guerra: De 1940 a Ucrania" (Ed. Popular. M., 2023 https://editorialpopular.com/wp-content/uploads/2024/03/primeras_paginas_De-guerra-en-guerra.pdf)
Edgar Morin viene a exponer que la guerra es una máquina generadora de histeria
colectiva y de ceguera mutua. Cada acto de fuerza justifica el siguiente,
eliminando cualquier posibilidad de racionalidad en favor de una escalada sin
fin. Morin advierte que la lógica bélica destruye la empatía y la autocrítica,
atrapando a los bandos en una espiral donde la venganza se disfraza de justicia,
seguridad, etc.
-En Marcos
de guerra: Las vidas lloradas (2009 https://traficantes.net/libros/marcos-de-guerra)
y en La fuerza de la no violencia (2020 https://traficantes.net/libros/la-fuerza-de-la-no-violencia)
Judith Butler expone que cuando respondemos a la violencia destructiva con más
violencia militar, no estamos terminando con la guerra; estamos consagrando la
estructura de la violencia como el único lenguaje posible para el futuro. En
sus reflexiones sobre la no violencia y el duelo global (Marcos de guerra),
Butler argumenta que la respuesta bélica normaliza el militarismo y asegura que
las generaciones futuras sigan recurriendo a las armas para resolver
conflictos.
-Yuval Harari, a su vez, ha
expuesto que la tragedia de la carrera armamentista es que si tu vecino dobla
su presupuesto militar, tú estás obligado a hacer lo mismo por pura
supervivencia. La confianza tarda siglos en construirse, pero un solo conflicto
la destruye, desatando una espiral que desvía recursos vitales de la salud y la
educación hacia la destrucción. Harari analiza con frecuencia cómo la
desconfianza geopolítica actual destruye el orden internacional y arrastra a
las potencias a un gasto militar desbocado por el miedo al ataque preventivo.
Literalmente: "Lo que hemos visto en pocos días es que Alemania dobla
su presupuesto militar en un solo día. Y no estoy en contra; dada la amenaza a
la que se enfrentan, es razonable para los alemanes, los polacos y toda Europa
doblar sus presupuestos. Pero esto desencadena que otros países del mundo
miren, se sientan inseguros y tengan que volver a doblar o triplicar los suyos.
Es una carrera hacia el abismo" (en una entrevista con la cadena
británica Channel 4 News y recogida por cabeceras internacionales: https://www.facebook.com/watch/?v=960722051294976).
“También nos afanamos en la creación de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial (IA), que tienen el potencial de escapar de nuestro control y de esclavizarnos o aniquilarnos. Pero, lejos de que nuestra especie haya unido fuerzas para abordar estos retos existenciales, las tensiones internacionales van en aumento, la cooperación global se está haciendo más difícil, las naciones acumulan armas apocalípticas y una nueva guerra mundial no parece imposible” (en: https://inep.org/index.php/libros/2457-2024-nexus-una-breve-historia-de-las-redes-de-informacion-desde-la-edad-de-piedra-hasta-la-ia-yuval-noah-harari. Nexus. Una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la IA)
-En sus
libros Hegemonía o supervivencia (2003 https://traficantes.net/libros/hegemonía-o-supervivencia)
y ¿Quién domina el mundo? (2016 https://traficantes.net/libros/¿quién-domina-el-mundo),
N. Chomsky habla de que la escalada de armamentos y la intervención militar
nunca actúan como disuasión a largo plazo; por el contrario, estimulan el
desarrollo de armas más destructivas por parte de los rivales, aumentando
exponencialmente el riesgo de una catástrofe global. Crítico histórico de la
política exterior de las grandes potencias, como EEUU, Chomsky sostiene que la
doctrina de "la paz a través de la fuerza" solo consigue que el
adversario busque armas más potentes, acelerando la espiral armamentista.
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