El carnicero mata con buen ritmo sus piezas y con, en cierta
manera, visto en perspectiva, el acompasado “ay” de estas, rimando un crónico poema
colorado con un subsiguiente mal olor… como en la primera y en la segunda
guerra mundial y en la Guerra Fría y en las guerras de la actualidad y en la
III y última que parece que se avecina si Dios no lo remedia…
Porque claro que toda Europa sabía -entonces y ahora- a qué
conducen el rearme y los militarismos, pero no les importó y … al degüello unos
con otros ¡¡¡, al pingüe beneficio de los insaciables carniceros ¡¡¡. Todos
sabían que el “patriotismo” y las banderitas no eran más que propaganda de
guerra, droga típica del belicismo, barniz para las conciencias producido por
las fábricas de armas… y, sin embargo, se enzarzaron en una descomunal sangría
que, además de muchas decenas de millones de muertos, sigue dando pie a
múltiples disputas en la actualidad.
Los corderos naturalmente que saben perfectamente a qué se
dedican los carniceros. Sin embargo, antes prefieren ser degollados obedeciendo
-ellos y sus hijos- que preguntando en voz alta, siquiera alguna vez, si los
degolladores en algún momento van a plantear un alto el fuego para descansar de la
matanza y fumarse un cigarrillo.
El silencio de los corderos y el acompasado ritmo de los
carniceros, música bélica para un fin de fiesta nuclear.
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Posdata:

