viernes, 22 de mayo de 2026

"LA GUERRA ES UNA PATRIA DE HORRIBLE CATADURA" (J.M. CABALLERO BONALD)

 


JOSÉ MANEL CABALLERO BONALD, POETA ANDALUZ ANTIMILITARISTA

      <<La obra poética de José Manuel Caballero Bonald, uno de los grandes exponentes de la Generación del 50, destaca por su profundo inconformismo, su uso barroco del lenguaje y su firme rechazo a la violencia institucionalizada. Tres de sus poemas antimilitaristas:

      1. "Preguntas" (incluido en Las adivinaciones, 1952). Es quizás su poema antibélico más célebre. En él se deconstruye de forma directa la lógica de los conflictos armados y las justificaciones nacionalistas de la guerra. Crítica la falacia de justificar la violencia bajo el manto de la paz y retrata la guerra como "una patria de horrible catadura".

PREGUNTAS

  Ya se han puesto en camino / la muerte y sus patrullas: / la muerte, esa aliada / de la guerra más sucia, / y con ella los cómplices / duchos en imposturas.

Dejan por los caminos / una imperial basura / y sus armas contestan / a todas las preguntas.

Patrañas y rapiñas / con la paz se camuflan / mientras la vida cuenta / sus muertes una a una.

La guerra es una patria / de horrible catadura / y el dios de los ejércitos / no retrocede nunca: / con sus armas contesta / a todas las preguntas.

 


2. Poema de denuncia de la Guerra de Vietnam (incluido en Manual de infractores, 2006)

      A lo largo de su trayectoria, Caballero Bonald abordó conflictos internacionales de gran impacto ético para manifestar su oposición frontal al imperialismo y la destrucción bélica organizada. Analiza la devastación producida por las prácticas del ejército estadounidense en territorio vietnamita desde una perspectiva de empatía con el oprimido. Denuncia la asimetría del poder militar destructivo y reivindica la resistencia de quienes defienden su territorio frente a la invasión extranjera

BICH SON EXPLICA QUE ESTÁ VIVO   

    Por vez primera entonces escuchabas / el idioma del héroe, su férrea humildad / de triunfo, arduo e incontenible / como la inundación del arrozal, y eran / los mismos armamentos de la voz, aquella atenazante / voracidad de jungla en la garganta, quienes / suministraron el primer deber al impaciente oficio / de oír a Hoang Bich Son a la luz de otro trópico.

   Una mínima copa de licor, almibarado / y denso igual que la piedad, establecía / como un vago desuso en la coherencia / del acto al que asistías en representación de nadie, / porque toda riqueza era allí transmitida / en pedacitos de papel, anillos / fabricados con restos de aviones, sellos e insignias / canjeables por armas, mientras el apacible / intérprete, reproduciendo a medias aquel tórrido / estruendo de aguacero del idioma, iba / trasladando a tu vida las terribles, tenaces / constancias de victoria de Bich Son.

   No has olvidado los aceros del héroe, su impávida / y reverenciosa manera de explicar, parpadeando / como la superficie de la mínima copa / de “pradera de juncos”, que en abril, / ya en sazón las cosechas de Ben Tre y de Giong Trom, / empezaba en el trópico el ciclo de las lluvias / y que trasladarían al invasor entonces / a un lugar previamente fijado en lo infalible.

   Y luego ya, de pronto, fue la ira: / juntos y pavorosos te mostraron / los mandamientos del terror, los ejemplos aullando / como lobos, aquella interminable agonía de agujas / de lazy-dogs despedazando a un pueblo, las imágenes / no ya en abreviaturas ni en emblemas / sino en gritos, mutilaciones, bombardeos, / torturas: medio millón de guerrilleros muertos, / una resucitable multiplicación de muertos / enseñando a sus muertos a recobrar la vida, / adiestrándolos juntos en el odio para prevalecer / del odio, y allí mismo, delante de tu alma, todavía / delante de tu alma, al tiempo que Bich Son / cotejaba las pruebas del triunfo, tú aprendías la horrenda / asignatura: las bárbaras industrias del napalm / y los tóxicos químicos y la gasolina gelatinada / y el fósforo blanco y toda la espantosa cortina / de exterminio que obstinadamente tratabas / de entreabrir, para asomarte más allá de tu ira / y comprobar, no sin vergüenza, que eras sólo un testigo. (https://contenido.uned.es)


3. "El registro" (incluido en Pliegos de cordel, 1963) [6]

   Este poema se enmarca en la memoria histórica de la posguerra española, reflejando el control militar y policial represivo que sufrió el país. Evoca los recuerdos de su infancia y primera juventud bajo un régimen donde imperaba el miedo y la imposición de los vencedores de una guerra civil. Retrata la pérdida de libertades civiles debido a la asfixia moral del estamento castrense que dominaba el día a día de la sociedad de la época.

EL REGISTRO

No podía dormirme, oía / como un fragor de manos tanteando / en los cristales, como un advenimiento / furtivo de peligro. Al fondo / de la casa, en los arcones / que nadie registró, crujían / los papeles prohibidos, delataban / su oculta furia al borde / de la noche infantil, entrechocando / con las trémulas sábanas.

¿Todavía / vendrán, irán golpeando / con el fusil los muebles, la ceniza / de las últimas letras desterradas? / ¿Vendrán ahora, cuando / va no podemos encender / más que una sola luz / entre tanta invasión de andar a tientas?

Altas banderas, himnos / de victoriosos fraudes, confundían / sus odios con mi miedo, me marcaban / con no sé qué inminencia / de huérfana verdad.

¿Quién llamaba a las puertas, desatando / iras azules contra las reliquias / clandestinas del sueño, / contra el vituperable / delito de ser libre? (María, / Rafael, ¿estáis dormidos?)

Pero ya resonaban las pisadas / cerca del corredor, ya se sentían / llegar entre una fétida
bocanada de vino / fermentado y subrepticia pólvora.

Oh qué voraces grietas de madera / familiar destruida, qué iracundos / papeles borbotando a chorros / desde el brocal de los arcones. / (María, Rafael, que ya es la hora: / ya todo terminó, ya somos tiempo).

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