lunes, 17 de septiembre de 2012

¿El rey de España promueve las guerras?

Estos dos pequeñitos vídeos de 2003 (http://www.youtube.com/watch?v=2cNbBrQVqqY, y http://www.youtube.com/watch?v=OQrMRNtENWY&feature=fvwrel), de unos segundos de duración cada uno, donde se ve y se oye al expresidente José María Aznar afirmando/desdiciéndose sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Irak tendríamos que, además de tenerlos en la retina desde hace tiempo, verlos varias veces más, cuidadosamente… porque no tienen ni una fracción de segundo de desperdicio y porque, en mi opinión, dejan claro qué rápidamente y con qué poco fundamento un presidente democráticamente elegido puede embarcarnos a todos en una sangría (la guerra de Irak) con este único y simplista argumento: confíen en mí como presidente porque “les aseguro que les estoy diciendo la verdad…”. Aquél presidente del gobierno no poseía el don de la infalibilidad papal, pero no se le arrugaba un ápice el entrecejo ni para decir que Sadan Husein poseía aquéllas armas ni para decir a renglón seguido exactamente lo contrario…
Como estas aguas pasadas sí que mueven molinos (de guerra), me pregunto cuántas muertes podría haber causado ese juramento presidencial -del primer vídeo- mezclado de petición de confianza a la ciudadanía… Me pregunto si autoinvestirse de forma parecida a la de un caudillo para lanzar a un pueblo a la guerra contra un enemigo satanizado es algo que puede ser tolerado en una democracia del siglo XXI. Y pregunto si el Parlamento, el Tribunal Constitucional y otras instancias internacionales no deberían habilitar procedimientos políticos y jurídicos para evitar que, citemos -por ejemplo- el posible caso de una conflagración donde intervengan armas nucleares u otras de destrucción masiva, nos veamos incursos –como víctimas y/o como actores– en un inmenso desastre bélico fruto de una percepción errónea de un presidente de gobierno mal informado o de un rey Teniente General de los Ejércitos que no tiene para nada en cuenta la situación social por la que atraviesa la ciudadanía, etc. Lo que estoy diciendo es de un alcance social y político muy grande, ya que todos podríamos ser víctimas de guerras causadas por gobernantes incompetentes, o malinformados, o belicistas, o irresponsables, o cómplices de intereses que no tienen nada que ver con el bien público, etc.
La detentación del poder militar y la capacidad de dar el visto bueno de una nación para participar en una guerra es un asunto de extrema importancia social, obviamente. La crisis de representatividad política de estos momentos afecta de lleno, claro, a la detentación del poder militar y a la participación del estado y sus fuerzas armadas en los conflictos bélicos. Los indignados no olvidamos esto ni un minuto. EL mensaje del NO A LA GUERRA del 15-M y de otras muchas organizaciones y movimientos sociales por la Paz es esto: lo que los poderosos estáis haciendo con los gastos militares y la organización de las guerras es antisocial, antidemocrático y ajeno a la dignidad humana.

En España no, pero en el Reino Unido el presidente de entonces, un tal Tony Blair, fue requerido (en cierto sentido, procesado) por el Parlamento para que explicase en función de qué había lanzado a su país, de la mano de Bush y Aznar, a la guerra de Irak. Esto ocurrió en 2010 pero, como era de esperar, nada le ha ocurrido al tal Blair ni, como consecuencia de aquella comisión parlamentaria, ha sufrido ningún proceso penal (véase al respecto, por ejemplo, esta crónica: http://www.elmundo.es/elmundo/2010/01/29/internacional/1264762097.html)

Pero a lo que en realidad quiero referirme en este artículo, además de a la cuestión jurídico-política de quiénes poseen –y quiénes deberían poseer- capacidad de decisión sobre el poder militar y la declaración de guerra en un estado de verdad democrático, es a la sistemática, continua y publicitada imagen que da el rey Juan Carlos I, cúspide del poder militar en el reino de España, cuando, sonriente, se fotografía junto a artilugios militares de todas clases.

Ya sabemos que el rey de España, que debería ser neutral políticamente hablando en todo momento, no lo fue cuando la ciudadanía, en marzo de 1986, debía decidir sobre la entrada de España en la OTAN. Su afán por entrar con todas las consecuencias en esta agresiva organización militar es de sobras conocido. Por eso no sorprende mucho cuando, discursos navideños ensalzando la Paz aparte, continúa dedicándose profusamente a dar propaganda a las nuevas compras de armas (el nuevo portaviones que lleva su nombre, el carguero estratégico A400M, etc.) para las aventuras militares del PSOE y del PP en medio mundo.

Es el caso de su mediática presencia, hoy lunes 17 de septiembre de 2012, en las pruebas de vuelo del nuevo helicóptero de guerra NH90 para justificar la adquisición de 38 unidades (aunque estaba prevista la compra de 45)(véase: http://www.diarioinformacion.com/nacional/2012/09/17/rey-pilota-nh90/1294973.html?utm_source=rss)

1 unidad de este sofisticado helicóptero de guerra puede llegar a costar entre 22 y 25 millones de euros dependiendo de los mecanismos que se incorporen a cada unidad… 38 unidades X 22 millones c.u. = 836 millones de euros, que muy fácilmente pueden convertirse en más de 900 millones si se suman los intereses de la segura deuda que se generará.

  
Véase también:



El rey de España, por tanto, es el primer dedicadísimo valedor de una política de Defensa volcada en el rearme, el intervencionismo militar de la mano de la OTAN, el aumento de los gastos militares, el aumento de la producción y el comercio de armas, la instalación del escudo antimisiles en la base de Rota, el tratado bilateral con EE.UU., etc. Es una de las piezas claves, obviamente no la más importante si se le compara –por ejemplo- con la pujante fuerza del lobby industrial militar en la España de hoy, de una opción armamentista y belicista del estado español más sujeto a las directrices del Pentágono que hayamos visto desde 1975 hasta aquí. 
Tanto el PSOE como el PP como otras fuerzas políticas nacionalistas, aplauden y actúan on line con estas funciones bélicas del rey Juan Carlos, reconocidas en la Constitución que ahora rige. Véase si no esta crónica sobre lo que ocurrirá en la próxima sesión parlamentaria de aprobación de los 1.783 millones de euros para, sobre todo, el avión militar Eurofighter: http://www.teinteresa.es/politica/defensa/Morenes-defendera-Congreso-ampliacion-Defensa_0_775122807.html


Se ve que lo que preocupará en el debate parlamentario sobre este nuevo pelotazo del gasto militar español no será el gasto militar propiamente dicho y sus duros efectos sociales, sino simplemente el resultado mediático del espectáculo gallístico de a ver quién, ante la opinión pública, se lleva el gato al agua aparentando mejor que, en época de severa crisis, controla mejor la compra de juguetes de guerra. Intuyo que el sr. Pedro Morenés, ministro de Defensa que concita pocas simpatías en todo el país, se va a llevar una tunda política inolvidable –aunque, desgraciadamente, sin consecuencias eficaces- de otras fuerzas políticas. Esperémoslo.

Al rey de España, lo mismo que a José María Aznar y a Tony Blair, la Historia no le enjuiciará bien porque no es una persona, creo que no merece la pena extenderse más al respecto, que destaque precisamente por promover la Paz entre los pueblos. Juan Carlos I es, ya sé que resulta muy obvio, un rey que representa más los intereses bélicos de los poderosos y de la OTAN que los de sus empobrecidos súbditos

Su fortuna personal (estimada en nada menos que 1.700 millones de euros: http://blogs.20minutos.es/arsenioescolar/2011/12/28/ahora-la-fortuna-personal-del-rey/), su extrambótico “porqué no te callas”, el caso Urdangarín, la caza de elefantes, etc., le han colocado en el filo de la navaja mediática, política y social. Pero el rey de España, que fue nombrado en 22 de julio de 1969 por Franco como su sucesor en la Jefatura de Estado, tiene un contencioso con la democracia mucho más profundo que todo eso: que no está cumpliendo el papel que se supone que debería cumplir, a saber, el de favorecer la Paz y la justicia social.